POBLACIÓN, CICLOS Y PIRÁMIDES: Árbol genealógico
Para la realización de mi árbol genealógico he recurrido a fuentes primarias, principalmente a mis padres. Mi padre no conoce en profundidad la historia de su familia y tuvieron que ir a hablar con una tía paterna suya para obtener un poco más de información, aunque tampoco consiguieron mucho más de lo que conocíamos previamente. El caso de mi madre es distinto, ella se ha interesado siempre por conocer información sobre su familia y nos ha hablado desde que éramos pequeñas siempre de ellos/as. A esto se le suma que algunas de mis tías abuelas siguen vivas en esa rama de la familia y cuentan con muy buena memoria, así que siguen pudiendo aportarnos datos sobre nuestros antepasados. Recientemente mi madre se reunió con sus primos segundos y consiguieron elaborar un árbol genealógico de su rama familiar: la de mi bisabuela paterna Martina.
Los datos correspondientes a la edad de fallecimiento de mis familiares son escasos, todos pertenecientes a la generación de mi abuelos. Haciendo un cálculo aproximado obtengo que la esperanza de vida aproximada de mi familia es de 73.6 años. A pesar de que no cuento con los datos exactos sé que prácticamente todos los hermanos de mi abuelo José llegaron a vivir aproximadamente 100 años, por lo que, de contar con esa información, podríamos suponer que la esperanza de vida media aumentaría bastante. Sí que conocemos algunos casos de mortalidad infantil en ambas familias, aunque no estamos muy seguros de por qué se produjeron o de quiénes se trataban, ya que era un tema que mis abuelos al parecer eran reticentes a tratar.
Al buscar la esperanza de vida media en los años 80, 90, 2000 y 2016 he encontrado que tan solo dos de ellos, mi abuelo Pepe y mi abuela Lucía, los que he llegado a conocer, han superado la esperanza de vida que había en ese periodo: 83.33. Esto quizás se debe a la mejora que ha experimentado la medicina a lo largo de estos años y en la posibilidad de acceso a estos recursos ya que mi dos abuelas contaban con el mismo problema coronario, pero mi abuela Eusebia murió muy prematuramente a causa de ello ya que en el pueblo no podían tratárselo con el mismo cuidado que en una ciudad, lo cual permitió que mi abuela materna pudiese convivir con la enfermedad muchos más años. El resto de mis familiares sufrió una muerte bastante prematura, teniendo en cuenta que la esperanza de vida media para las décadas de 1980. 1990 y 2000 eran de 75.35, 76.84 y 78.67 años respectivamente.
Se observa una diferencia significativa entre la esperanza de vida de las mujeres y los hombres: la esperanza de vida media de los hombres ronda los 82.5 años mientras que la de las mujeres está en una media de 67.7. Esto resulta algo excepcional, ya que analizando los datos recogidos por el INE sobre la brecha de género desde los 90 (más o menos la época donde murieron los familiares reflejados en el árbol) las mujeres han tenido una esperanza de vida mayor que los hombres. Este es un dato que observando a las mujeres de esa generación que están vivas están empezando a cambiar, ya que tanto mis tías abuelas por parte de madre como la tía abuela que conozco por parte de padre están superando la esperanza de vida media femenina en mi familia como la media española para ambos géneros.
A priori a única coincidencia de fallecimientos que podría señalar aunque no de manera exacta es la de mi bisabuelo paterno Federico y mi tío abuelo materno Marino. Mi bisabuelo Federico fue fusilado en la toma de Mahón y mi tío abuelo materno Marino fue un maqui que muy probablemente acabó muriendo en un campo de trabajos forzados o en la cárcel, por lo que las fechas de ambos fallecimientos sí que se podrían situar muy cerca, ambas debidas a la represión franquista ejercida a partir de 1939.
Me ha sorprendido comprobar que el intervalo entre nacimientos ha aumentado a medida que ha pasado el tiempo, ya que pensaba que el avance en medicina unido al hecho de que cada vez se hayan tenido los hijos a una edad superior había provocado que se redujese, ayudado por el mayor seguimiento y mejor cuidado de la mujer en el postparto. El intervalo para mi generación ha sido de una media de 4.9 años mientras que en el caso de mis padres ha sido de 3.8 y de mis abuelos 3.7. Existe a su vez una diferencia entre el tiempo que ha pasado entre el casamiento y el nacimiento del primogénito/a: en el caso de mis abuelos el tiempo es inferior a un año y en el de mis padres un año.
El número de hijos/as ha ido decayendo, siguiendo la tendencia del último siglo. La generación de mis tatarabuelo tuvieron una media de 5.5. hijos, la de mis bisabuelos 6 hijos, la de mis abuelos 3.5 hijos mientras que la de mis padres 1.6 hijos. La elevada natalidad de las generaciones anteriores, especialmente en mi familia materna, se debe a la necesidad que tenían de mano de obra en el campo. Es representativo el caso de mi abuela materna, tuvieron hasta seis hijas porque buscaban el varón que heredaría la fortuna familiar, sin embargo, este deseo se frustró cuando fusilaron a mi bisabuelo Federico durante la Guerra Civil. En ambas familias es curioso encontrar que en todas las generaciones siempre ha habido más niñas que niños. La incorporación de la mujer al mundo laboral y académico, además de la dilatación de la edad en la que los hijos se emancipan ha causado que se tengan menos hijos.
Para finalizar, solo cuento con datos de la edad de matrimonio de dos tres generaciones, todas en mi familia materna. Mis abuelos se casaron cuando tenían 26 años y mis tíos con 26 también. Sin embargo, mi madre se casó con 39 años con mi padre, de 37, una edad bastante tardía para casarse. Esta diferencia entre los dos hermanos se puede explicar a raíz de la diferencia en edad y sexo, lo cual determinó contextos distintos para cada uno: mi tío pudo estudiar y en la mili le destinaron en Barcelona, donde trabajaba de maestro de los soldados analfabetos y lugar donde tardó poco tiempo en conocer a mi tía. En cambio, mi madre tuvo que estudiar dos carreras ya en la Transición para no tener que volver al pueblo y tuvo que estar en varios destinos hasta poder asentarse en Toledo, que fue donde conoció a mi padre. Nosotras todavía somos jóvenes para casarnos, pero se observa un claro cambio frente a generaciones anteriores ya que mi prima no quiere casarse, algo que en épocas anteriores no se hubiese permitido socialmente y mi primo se casó hace dos años con 33 años, edad superior a la de sus padres y abuelos.

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