LA REPRESENTACIÓN DEL ESPACIO - LOS MAPAS: Reseña del texto Educando para el conflicto. Geopolítica y propaganda en los mapas satíricos y divulgativos de la Era Contemporánea.

 

El nacimiento de la Geopolítica se sitúa en el siglo XIX, etapa de la Historia donde tuvieron lugar las distintas revoluciones y conflictos que dieron paso al surgimiento de los Estados-Nación. Surgió ante la necesidad por parte de las élites gobernantes, motivadas por su sed expansionista. de delimitar su territorio y hacer proyecciones sobre los territorios enemigos.

Con el fin de asegurar el establecimiento del recién formado Estado, surge otra necesidad: la de formar a los ciudadanos como votantes, productores, contribuyentes y soldados. Es por esto que se da paso a la creación de los sistemas de instrucción pública que, junto a los medios de comunicación, contribuirían a la difusión de los símbolos de identidad nacionales y los valores bajo los que se sustentan el nuevo orden. De este modo, se asigna a la Geografía un papel vital para la consecución de estos objetivos, incorporándola como asignatura troncal en los currícula.

El artículo indica que el desarrollo de la Geopolítica intervino varias escuelas geográficas que al final darían lugar a la concepción que de ella tenemos en la actualidad, y cita la especial influencia que tuvieron las Teorías de Ratzel y a las ideas de Mackinder. De las Teorías de Ratzel, que identifican el espacio y la posición como elementos básicos, se surgió la idea de la necesidad del pueblo de adquirir un mayor terreno para llevar a cabo su destino, la cual utilizarían para justificar los conflictos expansionistas las élites durante el siglo XX. A esta concepción se le sumarían las ideas planteadas por Mackinder quien, alegando que para el dominio del mundo por parte de una potencia tendría lugar no solo gracias al control del mar y la tierra sino también a la tenencia de un amplio terreno, defendería la contención de Rusia, el único territorio que cumplía con ese criterio.

El siglo XX fue la época de los grandes conflictos y las “guerras totales”. Las élites políticas precisaban la movilización de todos los recursos materiales y humanos en la lucha por aniquilar al enemigo, lo cual pasaba por convencer al pueblo de la necesidad de implicarse en el conflicto. Dotaron a la guerra de una dimensión moral, vendiendo el enfrentamiento como una confrontación entre modelos contrarios e irreconciliables, justificando su actuación como una defensa o imposición de un programa ideológico.

Para ello las élites construyeron un imaginario social que vilificaba al enemigo mediante la estereotipificación y atribución de valores negativos, pervertidos, totalmente contrarios a los que representaba su propia Nación, máximo exponente de los valores buenos que debían predominar. Esta identificación propia virtuosa, que consiguiera centrar el espíritu del pueblo entorno a valores sublimes, sería exaltada para convencer a la ciudadanía de la necesidad de realizar sacrificios, independientemente de su condición social o implicación en el conflicto armado, para lo cual resultaron muy efectivos los medios de comunicación.

Destaca en este aspecto la instrumentalización que hicieron de la propaganda y de los mapas. Los mapas, al ser concebidos como instrumentos objetivos por el imaginario colectivo, permiten la consecución de un proyecto nacionalista mediante la distorsión de la realidad que estos presentan. El uso propagandístico de la cartografía dio lugar a la apa-

rición de distintos tipos de mapas. Este artículo en concreto se centra en los antropomorfos, los claustrofóbicos y los falsarios. Los primeros de ellos, los mapas antropomorfos, distorsionaban el relieve de los países para atribuirles rasgos humanos estereotípicos del país que representaban, con el fin de reflejar de manera sesgada las intenciones y estrategias geopolíticas de cada país reflejado en el mapa.

Los mapas claustrofóbicos, por el contrario, bajo un pretexto social-darwinista que apelaba a la obtención de mayor territorio y más recursos para la mejor supervivencia de las poblaciones, se concibieron para justificar las medidas a favor del expansionismo del propio país ante la opinión pública, transmitiendo una sensación de cerco o aislamiento a través de la distorsión del tamaño de los países enemigos, del eje de orientación del mapa o de los recursos armamentísticos, entre otros.

En el caso de los mapas falsarios, el enemigo ya no se situaba en un territorio ajeno, sino camuflado en el interior del propio país, por lo que se establecía la necesidad de expulsarle y en última instancia, como ocurrió en la Alemania nazi, aniquilarle. Esto se consigue creando un imaginario nacional que favorezca unos rasgos “aceptables” frente a otros representativos del colectivo a eliminar, falseando la escala o la extensión de unos territorios para destacar su importancia para el país o la superposición de territorios para infundir orgullo sobre la extensión del propio territorio.

La lectura de artículos como este es necesaria para poder entender cómo la situación llegó a producirse, algo que se observa generalmente como algo lejano e inconcebible en la sociedad actual y obvio de identificar. A priori podría parecer para el público general que estos mecanismos son algo obsoleto en lo que hoy en día no caeríamos porque contamos con herramientas tecnológicas que nos muestran el relieve y la disposición de los países tal cual es, con los medios para comprobar si un acontecimiento está ocurriendo no y porque somos conscientes, con la educación que hemos recibido, de que la asignación de estereotipos a ciertos países o personas no se corresponde con la realidad.

Podemos ver que, sin embargo, es algo que sigue vigente. En el caso de España, por ejemplo, se siguen asociando ciertas conductas o rasgos negativos a ciertos grupos sociales desde la ultraderecha para justificar ciertas acciones racistas/xenófobas o responsabilizarles de situaciones utilizando, entre otros mecanismos, los medios de comunicación. Un ejemplo práctico es la situación que está ocurriendo en Canarias, donde, ante la ola de creciente inmigración, ciertos partidos políticos y medios de comunicación se están volcando en propagar la falsa idea de la existencia de una ola de conflictividad y delincuencia en las islas provocada por los inmigrantes, mientras que obvian hechos como la creación de “cacerías” para acosar y agredir a estos inmigrantes o la existencia previa de redes de delincuencia que nada tienen que ver con estas personas que han llegado a las islas.

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